domingo, 6 de junio de 2010

SER CUMPLIDOS – SERES CUMPLIDOS


Conozco algunas personas, de hecho, algunas pocas personas, cumplidas. De esas que si dicen a las 4 p.m. a esa hora está sonando el timbre, o se las ve paradas en el sitio de encuentro, o están saliendo de su casa al llegar a recogerlas.

He podido disfrutar de su cumplimiento en muchas ocasiones, y a todas les agradezco el respeto mostrado por mi tiempo, y por ende, por el tiempo de los demás. Espero que nunca cambien eso, ya que para algunas personas, es muy aburridor, así lo disimulemos, que los demás no estén listos a tiempo, o no cumplan con la hora acordada.

Los del otro bando, el de los incumplidos; son a quienes no les importa el tiempo de los demás; ni los preparativos que hacen los demás para cumplir con la cita. Ellos, por alguna extraña razón se creen con el derecho de demorarse todo el tiempo necesario para estar listos, y los demás, simplemente, deben aguantarse, o no salir con ellos. Seguramente, sea una cuestión de super-ego.

Es un poco absurdo tener que decirles a esas personas que se debe salir a las 10 a.m., mientras sabemos que estaría perfecto salir a las 11 a.m. Pero si no hace así, fijo se llega tarde al evento que sea.

No entiendo por qué les es tan difícil programar su horario, su día, la hora de acostarse a dormir, la de levantarse, poner uno o varios despertadores, alarmas y recordatorios en toda la variedad de apararos electrónicos que inundan nuestra vida hoy; de manera que, sabiendo todo lo que se demoran en alistarse, puedan empezar a tiempo y cumplir, es decir, respetar el tiempo de los demás.

No entiendo por qué, simplemente, lo “solucionan” con un “sigue, siéntate, ponte cómodo, estás en tu casa, quieres algo de tomar mientras me termino de arreglar?”. Y eso cuando la cita es en la casa del incumplido, y no toca esperar parado en una calle, o sentando en un andén, o sentado en una banca de parque, de andén o de centro comercial. Una situación intermedia es cuando se pude esperar dentro del carro; que al menos es más cómodo que la calle o la banca, y suele tener música; pero sigue sin ser divertido.

Ser cumplidos, es decirle al otro lo importante que él es para nosotros; que lo apreciamos, y respetamos su tiempo, y que nos gustaría que hiciera lo mismo con nosotros. Ser cumplidos implica tener en mente, o en el cronograma de actividades ese encuentro; y eso implica ajustar el resto de cosas que hacemos a diario para lograr cumplir; más teniendo en cuenta, los trancones, las demoras del transporte público, la lluvia, las inundaciones, las obras en la vías, etc, etc, etc; y ser capaz de salir a tiempo y sortear los imprevistos para llegar a tiempo.

Existen casos en los que definitivamente no se puede llegar, o no se puede llegar a tiempo; pero si antes se podía avisar desde un teléfono público, o desde el de la casa, o desde uno prestado; o mediante un mensaje de beeper; con mayor razón, hoy se puede avisar desde, y al celular; para que el otro sepa, y aproveche el tiempo mejor que esperando sin hacer nada útil; o para que no salga aún al sitio de encuentro.

Es el colmo que el cumplido sea el que tenga que llamar al que no llega para averiguar qué pasó, y si va en camino, y si va a llegar en algún momento. Debería ser el que va tarde quien llame y avise.

Ser incumplido, no sólo es llegar tarde, o estar listo tarde; sino, como su nombre lo dice, no cumplir. No cumplir con las promesas, o con lo planeado. No cumplir con “te llamo en 10 minutos” (y el otro, espere y espere los 10 minutos más largos de la vida), o “llego en 5 minutos” (también eternos), o “te llamo el viernes al medio día, y cuadramos para encontrarnos por la tarde” (nunca se supo qué viernes, de qué año…), o “para mañana por la noche fijo, te llamo por la tarde y te confirmo la hora (…).

Si eso hace parte de ser incumplido, es lo mismo ya descrito; falta de respeto con el tiempo de los demás; pero si es una forma de aplazar los encuentros, entonces el problema es de falta de sinceridad, al no ser capaz de decir “la verdad no quiero salir contigo”; pero creo que este caso no aplica mucho, porque esas personas incumplidas por naturaleza suelen ser los bien conocidos amigos de toda la vida; que sabemos que no van a llegar, a pesar de haber dicho lo contrario, o van a llegar tarde, o, en el peor de los casos, ni van a llegar, ni van a contestar el teléfono cuando los cumplidos los llamen; y cuando se re-encuentren, estarán llenos de excusas para justificar su no-llegada, su no-contestada de teléfono; y finalmente, dirán “para la próxima, fijo cuente conmigo”. En esa próxima, adivinen qué! Tampoco aparecen, tampoco contestan; y luego, excusas en grandes cantidades: que la pila del celular, que el volumen, que el hijo, que la esposa, que la mamá, que el perro, que el gato, que el sueño, que… que… que…

Finalmente, esas personas incumplidas, ya no son invitadas más por los cumplidos, porque, aunque no lo crean, como si fuera poco el irrespeto al tiempo de los demás, generan inconvenientes en la vida, como que a todos se les hace tarde, como que todos quedan como incumplidos, como que se les atrasan el resto de actividades del día, como que ahora hay que correr más para alcanzar a hacer todo, como que hay que “ponerle” minutos al celular para llamar a ver qué paso, etc.

El cuento de que las mujeres son incumplidas por naturaleza, es una más de las tantas excusas de las mujeres incumplidas; y no es cierta. Conozco varias mujeres cumplidas; la mayoría de ellas se maquillan, se peinan, se alisan el pelo, o se lo encrespan, se depilan, se cambian de ropa 10 veces antes de salir y todo eso que hacen; y logran llegar a tiempo o estar listas a tiempo.

Las demás deberían tomar un cursito con las primeras, para aprender cómo se logra cumplir con todo eso; además de dejar la casa arreglada, y ser cumplidas.

Para los que dicen “si quieren salir conmigo, pues que me esperen”; estoy seguro, que muchos no están dispuestos a esperar, y menos sabiendo que así será el resto de la vida; pero también habrá quienes sí estén dispuestos a esperar el tiempo que sea necesario.

Ojalá quienes esperan, después no sufran un regaño por no estar listos a tiempo, el único día que no lo lograron; porque, para completar, los incumplidos suelen ser los que más acosan cuando se trata de salir a tiempo a algún evento de su interés.

Relojes venden por doquier, despertadores, agendas electrónicas, Palms, Ipods, Iphones, Celulares, tableros, etc. Las empresas de taxis tienen servicio de despertador; y hay miles de formas más de recordar los compromisos. La otra parte es comenzar a trabajar en calcular bien el tiempo que se necesita para estar listo y desplazarse hasta el sitio de encuentro. La práctica hace al maestro.

domingo, 23 de mayo de 2010

Prefiero hoy y no mañana


Este poema fue leído en la misa de las exequias de Mario. Decidí buscarlo y publicarlo en el siguiente blog. Pensé en publicarlo como se debe; dándole los créditos al autor, pero nunca lo encontré. Todo lo que revisé dice “autor desconocido”.
Igual; sea quien sea, lo importante es leerlo, pensarlo, tal vez, interiorizarlo; y llevarlo a cabo. No creo que sea necesario hacer exactamente lo que dice ahí. Estará perfecto encontrar nuestras formas individuales de hacerle saber a los demás lo que pensamos, lo que les queremos decir y de no desperdiciar a la gente mientras la tenemos en el mismo mundo.
Espero que todos queramos esto mismo y que no esperemos para esas otras manifestaciones cuando alguien parta. Y espero que, por otro lado, realicemos esas manifestaciones de afecto a tiempo.
Para los que están leyendo esto, y nos conocemos; sepan que ocupan un lugar especial en mi vida, y que espero nos alcance la vida para compartir minutos, horas, días, flores, llamadas, mensajes, apretones de mano, abrazos, oraciones, misas, cantos, música, serenatas, tarjetas, detalles y muchas cosas más.
PREFIERO que compartan conmigo unos pocos minutos ahora y no una noche entera cuando muera.
PREFIERO que estreches mis manos suavemente ahora que estoy con vida, y no que apoyes tu cuerpo sobre el mío cuando no te sienta.
PREFIERO que hagas una sola llamada ahora que te puedo escuchar y no que emprendas un largo viaje cuando ya no esté.
PREFIERO que me regales una sola flor ahora que puedo percibir su olor y no que me envíes un hermoso ramo cuando muera y no lo pueda percibir con mis manos.
PREFIERO que eleves una oración ahora por mí, y no una misa cuando muera y no pueda cantar ni celebrar mi fe.
PREFIERO escuchar un acorde de guitarra hoy y no una hermosa pero triste serenata en medio de vestidos negros.
PREFIERO que me escribas algo lindo en una tarjeta para leerlo en este momento que necesito y no un poético epitafio sobre mi tumba.
PREFIERO disfrutar de tus detalles este día aunque sean los más mínimos y no grandes palabras cuando muera que no recibirán respuestas.
PREFIERO un tierno beso en mi frente o mejilla ahora, a un beso mojado con llanto cuando muera.
PREFIERO un “TE AMO” sincero y con mucha energía ahora que lo necesito y no enterarme recién cuando esté un metro bajo tierra que “YO ERA EL SER QUE MÁS QUERÍAS”.
PREFIERO compartir con mis seres queridos ahora que estoy vivo y tengo tiempo, y no pensar en los bellos momentos que dejamos de compartir y que se arrepientan cuando ya esté fuera de este mundo.

viernes, 21 de mayo de 2010

DISFRUTAR DE LA GENTE EN VIDA


Hace unos pocos días, disfrutando de la gente en vida, regresó a mi la inspiración que me había abandonado un tiempo atrás. Y llegó de la mano de dos “musas”, K & K serán aquí.

Una de ellas me inspiró con su blog, con su forma de escribir, con sus crónicas y sus relatos que hacía tantos años no escuchaba; y recordé los días en que escribía y luego, en las tardes de domingo o en las noches de semana, robadas a las ocupaciones; me leía con un místico tono de voz que se disfrutaba como ninguno.

La segunda me inspiró, igualmente sin saberlo, con sus fotos, la mayoría en compañía de su perro y de otros perros que, imagino, no son suyos, pero que se deduce los quiere y disfruta.

Buscando, una vez más, robarle tiempo a las ocupaciones diarias, para sacar provecho de la presencia de la musa mayor de la inspiración; llega un suceso de la vida, que aparece de tanto en tanto, en forma de lo opuesto a la vida. Aquel personaje de túnica negra con capucha y una oz. Y esta vez se lleva un compañero, amigo, ingeniero, profesor, jefe, coordinador y otros papeles de la vida que no conocí.

Y ahora recuerdo que le quedé debiendo una o más idas a jugar bolos, para que me ganara una y otra vez con sus certeros lanzamientos y sus zapateos cuando se descachaba; y para que se burlara de mis frecuentes “canalazos”. Ahora sólo puedo decir que se lo (s) pagaré cuando nos encontremos en ese descocido otro lado; tal vez allá mejore mi lanzamiento, y no deba hacerlo desde el carril de al lado, para evitar la canal.

Espero poder practicar lo suficiente para que no me gane por tanto.

Y espero poder disfrutar de la gente en vida.

Vemos a menudo – basta con salir de Bogotá hacia el norte un domingo cualquiera – como la gente visita a “sus muertos” en los cementerios del norte, y, seguramente, será igual en los del centro y los del sur, y los demás puntos cardinales. Filas de carros ingresan, llevando a familiares y amigos, llevando flores para adornar las tumbas, donde en muchos casos, ya no hay más que un cajón con unos huesos. No será la primera vez que escuchen decir que mejor les hubieran dado esas flores en vida y no ahora que se fueron. Que ya no las pueden disfrutar. Seguramente están recibiendo más flores muertos que las que recibieron vivos. Qué mal, no?

La vida nos absorbe. Trabajamos, y luego descansamos viendo T.V. y a los amigos y familiares los dejamos de lado a medida que avanza la vida. Y luego, se van, y ya no se podrán aplazar más, porque ya no hay un después que conozcamos. Cuántas veces no hemos dejado de llamar y compartir con amigos, hermanos, padres, compañeros por física pereza? O pensamos que otro día será y ya. Pero no siempre se puede, porque ese otro día, tal vez, algo pasa, y esa persona ya no está más.

Cuánto tiempo pasamos frente al televisor, muchas veces solos; y otras veces acompañados, pero tan absorbidos por lo que vemos, que ni notamos la presencia de nuestra “compañía” a nuestro lado. Ese tiempo, ni el televisor, ni nada nos lo va a devolver para disfrutar de nuestra gente. No sería mejor compartir con esos seres que son tan efímeros como nosotros y que en cualquier momento parten de nuestro lado? No sería mejor sí tomar el teléfono, marcar y decir un “cuándo nos vemos”, “mañana paso un rato y te saludo”, “salgo de trabajar y jugamos bolos”, “tenme onces que voy a visitarte”. Seguramente, después se extrañarán lo mismo o más, pero sabremos que no desperdiciamos momentos de estar con esa persona.

Como siempre digo, acá se vale todo; cantar juntos, incluso con voz de tarro; trotar juntos, independiente del ritmo de cada uno; tomar un tinto con aquel compañero que se tomó la molestia de invitar a tomar tinto, incluso en medio del trabajo que muy concentrados hacíamos, y así el tinto no sea nuestra bebida favorita; montar bicicleta, así uno salte hasta por encima de los carros mientras el otro se baja para cruzar las calles; jugar bolos, así uno lance por el centro siempre y el otro lance por la canal siempre; tomar té, tomar chocolate o café, tomar guaya, comer gallina, armar cubos Rubik o no Rubik, tomar cerveza, comer en El Carnal, leer, observar la ciudad de noche, ir al autódromo, etc.

Y cuantas otras veces tenemos a esos seres a nuestro lado, y ni siquiera nos damos cuenta que no los miramos, no les hablamos, no los determinamos, agradecemos pero rechazamos todas sus invitaciones porque siempre tenemos cosas más importantes que hacer. Claro que cumplir con las demás cosas, como el trabajo es importante, pero no puede ser que no tengamos unos pocos minutos para ese tinto, para ese café, para esas onces, para ese almuerzo, para esos bolos, para esa pizza, para esa cerveza. Cómo es posible que vivamos cambiando eso por permanecer solos, por trabajar y trabajar, porque siempre podemos adelantar algo, o siempre estamos tan ocupados en nuestras individuales cosas.

Aún hay amigos por visitar, hijos de amigos por conocer, cervezas por tomar, guayas por repetir, kilómetros por pedalear, caminatas por hacer, amigos por llevar a visitar otros amigos, películas por ver, historias por escuchar, flores por entregar; tendrá que haber tiempo para todos… el sueño atrasado mientras se compartía, ya se recuperará otro día, así sea el día del sueño eterno, en el que ya no podremos compartir más con ninguno de ellos.

Si es cierto que todas las personas que pasan por nuestras vidas nos dejan alguna enseñanza, aquí, claramente, hay una. But of course! (as he used to say).

En unas horas nos encontraremos sus amigos, familiares y compañeros. Y, una lamentable, vez más, será la muerte la que nos reúna a los amigos que hace, quizá, años no nos vemos. Esto tampoco debería ser así. Por qué debemos esperar a que algún amigo común muera para re-encontrarnos? Por qué siempre son estos sucesos los que nos vuelven a reunir y no es la costumbre frecuente de la vida?

No sé. Supongo que es parte de lo que esas personas deben hacer, incluso al final de sus vidas. Reunir a los amigos. Ahora, lo que sigue es esperar que esos amigos no vuelvan a desaparecer hasta que otro más parta de esta vida, y luchar por uno tampoco desaparecer, por estar frecuentemente con ellos, para disfrutarlos en vida.

Finalmente, nos reuniremos, con nuestros trajes negros o, al menos, oscuros; mostrando la solemnidad, y la tristeza. Esto es una tradición y es un símbolo en estos momentos; sin embargo, por lo menos yo, quisiera que el día que me toque a mi, la gente que asista a mi despedida, vaya con trajes formales, pero alegres; con tonos suaves, pero alegres. Estarán tristes por mi partida, pero felices de mi viaje al encuentro con Dios. Y así como el día en que mi amigo Juan se vaya, cantaremos “Aire” aunque nos toque leer la letra porque no nos la sabemos, yo espero que en mi día, la gente vaya con trajes más alegres que ese negro que tanto he usado en la vida.

El pantalón negro con camisa blanca me parce bien, si quieren mantener colores sobrios. Además en Feng Shui lo recomienda para revitalizar y poner las energías del ser a funcionar adecuadamente. Y se vería chévere, todos con las camisas blancas apuntando al cielo, de donde provienen las buenas energías; y a dónde viajamos en ese momento. Al cielo ese Dios que nos tiene acá para hacer las cosas lo mejor posible y mejorar a diario.

A Dios…

domingo, 7 de marzo de 2010

POR FIN CÉDULA DE CIUDADANÍA NUEVA

Recuerdan la odisea para solicitar la nueva cédula?

Pues, finalmente, la tengo.

Recuerdan que en la registraduría había dicho que para diciembre estaba? Pues, no fui a averiguar en diciembre, porque me imaginé que no estaba. Pero fui en enero, y un par de policías bachilleres apostados en la puerta de la registraduría de Usaquén me dijeron que habían trasladado los documentos al Cade de Servitá, y que debía llamar al 195 para verificar si mi documento ya estaba.

Al llamar, contesta una grabación. Tras oprimir el número 8, me enteré que mi cédula no estaba. Dejé pasar un mes más, y volví a llamar y por fin estaba. La grabación me dio dos opciones. Solicitar una cita en el Cade para reclamarla o solicitarla a domicilio por 20 mil pesos.

Opté por la primera. La grabación me pidió dar un teléfono al cuál nunca llamaron. 15 días después decidí pedirla a domicilio. Volví a llamar y por fin, tras la opción de solicitarla a domicilio, por primera vez me contesto una humana, con quien fijamos el día (sábado 6 de Marzo) y el horario (de 2a 6 p.m.) para la entrega del documento.

Teniendo en cuenta lo anterior y la próxima carrera de atletismo, la primera válida de la Copa extrema de carreras de montaña, salí a trotar a las 8: 20 a.m., subi a la entrada del parque del acueducto “Quebrada La Vieja” en la Av. Circunvalar con calle 70, ingresé al parque, troté lo que más pude en esa pendiente subida llena de piedras, llegué arriba y continué por el carreteable que lleva al cruce de santiamén, unos metros adelante del peaje de patios, en la vía a La Calera. Cuando trotaba por la vía destapada hacía el cruce de la virgen, mi celular timbró en el “pocket” Nike en mi brazo izquierdo (el mismo que originó la caída del ciclopaseo en La Calera. El pocket, no mi brazo). Eran cerca de las 10 a.m. Era mi mamá para decirme que acababa de ir a la casa el mensajero de Thomas (empresa de mensajería que entrega las cédulas), y que iba al medio día.

Como recordarán, la operadora me había dicho que entre 2 y 6 p.m., pero fueron a las 10 a.m. y volverían más tarde, pero también fuera del horario establecido. Así, que no hubo más que continuar el camino y regresar a la casa antes de las 12 m. Con mucha hambre por el ejercicio y por la falta de almuerzo, a las casi 3 p.m. decidí ir a comprar algo para almorzar y regresar a seguir esperando, ya que el mensajero no llegó al medio día.

Finalmente, casi a las 4 p.m. llegó. Se hizo el trámite. Como tres firmas, dos huellas digitales en un lector conectado a algo que parecía un Avantel, y otra más en el papel, y por fin ya no pareceré un viejito cada que vez que deba mostrar la cédula vieja, bien vieja; esa de papel y laminada.

Ahora vamos por el siguiente trámite; levantar la prenda que tiene el carro a nombre de Coopcafam, la cooperativa que me prestó una parte para comprarlo. También hay nueva tarjeta de propiedad, similar a la cédula, en el mismo material, del mismo tamaño y con hologramas. Suerte.

miércoles, 3 de marzo de 2010

THE MODERN LIFE

Some time ago I wrote this, as an assay for a course. Today I found it in "my documents" in mi PC and I decided to post it in here. There you go.



THE MODERN LIFE

By Alejandro Rodríguez


People live in big houses, small flats, under a bridge or in pent houses. Some others live in farms, in cities, and even in high, snowy mountains. All those people are using natural resources all the time, even without noticing it.

Going to the supermarket generates a contamination due to the use of the car. Most, if not all, the food bought there is packaged and/or delivered in contaminating stuff. Back at home, the contamination goes on; now, when cooking the food. Gas is used to boil water, bake cakes, and prepare any recipe. After a great meal, let’s wash the dishes with that amazing soap advertised in T.V. It is really good, the dishes are immaculate but the water is dirty now; it’s plenty of soap and fat. Garbage, soap, fat, dirty, packages all going down in the river, looking for the sea.

Right now, a half of the planet is dark – the side I am – but there is light. The sunset has already occurred, but millions of light bulbs are on, giving light for the people to continue living lives that they built surpassing the nature frontiers.

Everybody knows what is necessary to produce that artificial light. Tons of water, big constructions, machines and wires; all working together. But is that light good or bad? There are millions of people – like me- enjoying the modern life inside a comfortable house, sitting down in a wooden chair, working in a personal computer (made of several materials stolen to the Earth) and eaten processed food (a cake and coke). To build the furniture that people use, millions of trees were cut; and also to build bridges, houses and the paper we use for the advance of our societies.

How would have been our lives without all that stuff? And, how would they be now? I imagine myself lying over the floor of my cave, the fire on in the center of it; just to produce some heat and light enough to finish the daily activities. I and my family just had dinner and we are packaging our stuff, since we are on the move, following the wind. We plan to arrive to the mountains by tomorrow night. We have to live there for the next four months; they will be our shelter. We will be able to find food and fresh water there.

Tomorrow morning, before dawn, we will be leaving in the companion of our animals. We will walk the entire day and when we get there, we will have to look for a new cave. I will take out some food from the collected through the journey; turn on a bonfire to prepare food for my wife, daughter and me.

I go back to real life. I am still in the dining room, writing these words, and wondering about how different our lives would be if we had not created such amount of electrical and technological stuff. And, how different and preserved the planted would be as well?

Could we do something? Do we have enough time to stop the damage we began? Would we be able to do so? Is there a way to stop it or to go backwards? May be. I think it is possible, but not easy. It would require great sacrifices and efforts from the human kind? Are we will to change our life so much?

lunes, 15 de febrero de 2010

CICLOPASEO CLUB COYOTES LA CALERA. 14 FEB 2010. APRENDIENDO A GOLPES.


Un particular sonido de alarma sale del celular chino, el mismo que suena todas las mañanas entre semana; es de lo poco que me despierta cuando aún está oscuro el día. No me despiertan los ladridos de los perros, ni sus collares que suenan al sacudirse cerca de mi cambuche, en el cual duermo por estos días. Tampoco me despierta la gente que se mueve, habla y hace ruido.

La alarma suena, pero es domingo, es temprano, son las 5:45 a.m. Indica que es hora de levantarse, alistar todo y salir a un ciclopaseo más. Tras unos minutos de locha, estoy portando la indumentaria propia para montar bicicleta; bikers, medias cortas de $ 2000, compradas en el peaje de patios, vía La Calera; camiseta, buff, tenis, rodilleras (God bless them), gafas, guantes (also bless them) y casco (the same please).

Tras un pequeño, PERO INFALTABLE, desayuno de medio pocillo de Nesquick y un pan, las bicicletas están listas, montadas sobre el portabicicletas, y el Gatorade frío junto con ropa de cambio por si acaso.

Ya en el sitio de encuentro, en el parque principal de La Calera. Tas inscribirnos (con Diego, mi hermano), recibimos un bocadillo y un Powerade. Es altamente recomendable NO comer ni tomar nada de esto en este momento, Ya que el bocadillo es puro azúcar, y el powerade parece agua con muchos bon bon bumes disueltos; un poco dulce no más. Claro, si es bulímico, esta es una excelente fórmula para vomitar sin necesidad de meterse los dedos hasta el infinito y más allá en la garganta. Sin embargo, hace falta, el ingrediente principal; iniciar el ciclopaseo en ascenso prolongado con una pendiente de gran inclinación. Y listo.

Así, que es necesario madrugar lo suficiente para tomar un ligero desayuno, que no debe faltar; de manera que para el inicio de la actividad física ya haya comenzado su digestión hace un tiempo y no esté disponible en el estómago; el cual, ante la falta de sangre y oxígeno, que se van a los músculos, decida deshacerse de lo que no podrá digerir.

Luego del ascenso, una justa parada para reunir al grupo, lo que me parece excelente en este tipo de salidas, en vez de dejar que el grupo se disperse y haya una gran diferencia entre la punta y la cola. Algo de hidratación, para bajar la tierra acumulada en la boca, debido a la tierra seca del terreno, y listos para continuar, liderados por una moto guía, acompañados por dos policías también en moto, seguidos por una ambulancia y una camioneta escoba con platón, lista para barrer a los rezagados, o recoger a los desfallecidos.

Aparece un descenso, que emociona a los participantes, tan solo para encontrar a los 100 m, otro ascenso. Esta es la zona de los llamados, toboganes, en donde hay bajadas seguidas por subidas sorpresa, en las que, a veces, no se alcanza a bajar de cambios tan rápido como se necesita para lograr la cuesta.

Una zona técnica, más angosta, con más baches y piedras nos lleva a encontrar el colegio Hacienda Los Alcaparros, punto de referencia importante, por si alguien se pierde…
De allí continuamos descendiendo. Un miembro del club coyotes de ciclomontañismo de La Calera indica tomar a la derecha; luego, la señalización con flechas amarillas (no muy visibles) del club indica tomar por la izquierda; y un gran descenso ME lleva a mí, y sol a mí, a una “Y”, en la que tras preguntar, me entero que no han pasado más ciclistas, y que ambas vías llevan a la carretera principal de La Calera. Una sale al un restaurante y otra a una virgen. Ahora, el perdido soy yo.

Un poco de hidratación, y confiando en haberme hidratado lo suficiente para tomar una buena decisión, decido regresar a buscar al grupo, en vez de continuar sólo, tomar la carretera y regresar al parque a esperar a los demás. Así, que media vuelta, y toda la diversión del descenso, ahora se convertía en esfuerzo para subir. Tras unos minutos, aparece una “Y”, que no recuerdo haber visto en el descenso, de manera que no recuerdo por cual vía llegué; pero confiando en mi excelente sentido de la desubicación, decido tomar a la izquierda, y esperar encontrar a quien preguntar por Los Alcaparros, para saber si voy bien bien o bien perdido.

Lo único que me encontré fue un camión que no se detuvo. Así, que no había más que seguir. Ya llegando a una hacienda en la que crían caballos Falabella (es la raza, no el almacén), primero supe que iba bien, porque yo la había visto en el descenso; y segundo, porque ví aparecer a un coyote (del club), quien había ido en busca de los 3 perdidos. De vuelta al punto en el que no desvié, me enteré que cuando no hay flecha amarilla, hay círculos pintados con spray verde sobre algo (un palo, un poste, una pared, una piedra).

Acá aprendí a no continuar sin estar totalmente seguro, o a esperar a los de la organización, y a no emocionarme en las bajadas, si voy sin el grupo. También es una buena idea, limpiarse los oídos antes, ya que según dijo el coyote que me encontró, en las instrucciones antes de la partida, habían dicho que la señalización también incluía dicho spray verde, pero yo nunca me enteré.

Ya re-ubicado tomé el segundo sector técnico, entre zanjas, baches y muchas piedras, luego de nuevo una destapada en plano. En este momento sentí que el “pocket” Nike que uso desde hace un corto tiempo para cargar el celular, los papeles y algo de plata; se había escurrido, ya que se usa en el brazo y va cogido por una correa elástica con velcro. Así que solté mi mano derecha del manubrio (el peor error), y acomodé el “pocket”. Antes de poder bajar la mano a su lugar, la llanta delantera cogió una piedra, se giró a la izquierda fuertemente; la mano izquierda no alcanzó a sostener el manubrio, y supe que la caída era inminente. Solté la otra mano, giré la cabeza, para proteger la cara, puse la mano derecha para el aterrizaje y esperé el resto del tiestazo. La cadera, fue lo siguiente que tocó tierra, un poco duro. La fricción necesaria para detener el movimiento consiguiente a la inercia, lo hizo la cadera, la rodillera derecha, las manos, el pecho, el mentón y el casco. Tras resbalar unos centímetros, frené. La buena calidad de la ropa, evitó que se rompiera, porque qué oso andar con la ropa rota. Los raspones quedaron cubiertos por la ropa, así que nadie los vio, ni yo mismo, hasta que, ya en la casa, me disponía a bañarme.

Tras el aterrizaje, no habiendo más que hacer, me levanté, como siempre, haciéndome el que nada había pasado y arriba de nuevo, y a pedalear; ya que, mientras hacía una ruta extra (por perdido) todo el grupo había pasado ya, yo iba de último; sin embargo, ya había alcanzado a los coleros y ya había pasado a algunos. Pronto alcancé a resto del grupo, que estaban detenidos esperando a que éste se re-agrupara una vez más. Esta vez esperaban a los rezagados y a los perdidos (¡!!).

De aquí en adelante, fue coronar “la última” subida. Lo que pasaba era que todas las subidas se llamaban “la última”, porque tras coronar una, volvíamos a oír lo mismo, y una más, y otra más, y otra más; hasta que, en serio, pasamos la última y tomamos un descenso pronunciado, con tierra y piedras sueltas; que hicieron que la llanta delantera de mi bici, se pinchara, y llegara al próximo plano un poco inestable, y con la llanta totalmente desinflada.

Bici de cabeza, llanta fuera, neumático fuera, reciba parche, lija y pegante prestados, ya que no había llevado nada de mi kit de despiche. Lije, pegue, ponga, infle, monte y, de nuevo desinflada. Vuelva y desmonte, saque; esta vez reciba un neumático prestado, porque tampoco llevé el que suelo cargar en las carreras de aventura. Ponga, infle, monte y vámonos con la llanta girando en el sentido contrario al correcto, ya que así se montó por el afán (bueno, nada grave). Finalmente, tras un pronunciado descenso, llegamos de vuelta al pueblo, al parque, a montar las bicicletas, tomar el refrigerio de arepa caleruna (de esas que venden el los puestos de comida sobre la carretera y jugo de caja (es una fruta típica de la región). Pose para las fotos oficiales del evento, que serán colgadas en la página del club; y media vuelta hacía Bogotá, a manejar con la pierna y el pulgar derecho adoloridos, por haber soltado una mano del manubrio mientras la bicicleta estaba en movimiento.

Los aprendizajes de esta última parte: 1. No usar el “pocket” que es para trotar, para montar bicicleta; es mejor, seguir llevando las cosas en la cangura. 2. Así se bajara el “pocket” hasta los tobillos, no soltar el manubrio, mientras la bicicleta esté en movimiento en terreno destapado; era mejor haber parado. 3. A pesar, de que hace mucho tiempo, uno no se pinche, no se le dañe la cadena, no se le desajuste nada, nunca se debe dejar el kit de despinche ni la herramienta, ni el neumático de repuesto.

Ahora, será ir a entrenar con los coyotes un domingo de estos, o al próximo ciclopaseo, para poder devolverle el neumático a su dueño.

Ya de regreso en Bogotá, un baño con agua “caliente”, pero no mucho, porque las raspaduras arden un poco, un buen almuerzo y a practicar con el ábaco japonés, que es menos riesgoso que montar bicicleta.

Me alegra, nunca salir a montar bicicleta sin mis rodilleras, guantes y casco. Las marcas que quedaron en las rodilleras podrían estar en mi piel. Sin guantes las manos habrían quedado raspadas, y que mamera tener las manos raspadas; debe ser incómodo para hacer cualquier cosa. Y del casco, ni hablar; una cosa es caerse y estar protegido, poder levantarse y seguir y otra, darse un buen totazo, y quedar entre bobo y tonto.

Hasta el próximo ciclopaseo, pero sin caídas, sin “pocket” en el brazo, con kit de despiche y neumático.

martes, 9 de febrero de 2010

Cómo Educar Correctamente A Su Perro Y No Creer En Todo Lo Que Muestra La Televisión


Lo primero que debemos recordar es que para que alguien, así sea un perro, nos obedezca, debe existir una relación que tenga un vínculo afectivo. Sin dicho lazo es difícil lograr que alguien siga nuestras instrucciones.

Lo anterior se aplica a la relación padre-hijo, hermano-hermano, jefe-empleado, y también a la relación amo-perro. No es la relación jerárquica de liderazgo, o autoridad o abuso de autoridad la que hace que los demás obedezcamos a quienes, por diferentes circunstancia de la vida, nos dan ordenes, aunque a veces parezcan ser favores que nos piden. Es ese lazo afectivo, junto a una capacidad de liderazgo; expresada en la habilidad de tomar decisiones correctas, pensando en el beneficio del perro, de ambos, de la empresa, de la familia, etc.

Con base en lo anterior, podemos tener claro que lo primero que debemos hacer al comenzar una relación con nuestro nuevo perro es establecer dicho vínculo. Establecer el vínculo afectivo es realmente fácil, pero se debe tener cuidado de no cometer errores que después nos lleven a “problemas de comportamiento” en el perro – o en el dueño -. Es decir, darle afecto a un cachorro es fácil, dada la ternura que produce su pequeño tamaño corporal, su grande cara y ojos saltones; rasgos que generan ese sentimiento de ternura y afecto. Esto también ocurre con los bebés de todas las especies y con los muñecos de peluche.

Darle afecto incluye expresiones como caricias, abrazos, alzarlo en brazos, darle bocados de comida, hablarle tiernamente con esa voz que ponemos para hablarle a los bebés. Con estas expresiones podemos malcriar a nuestra mascota sin saberlo. No hay problema en brindarle caricias, pero debe ser cuando nosotros lo decidamos y no ante la petición del canino amigo, que puede solicitarlas con manoteos, gimoteos, ladridos, saltos, trompazos, etc.; si cedemos ante su petición estaremos criando un perro acostumbrado a obtener lo que quiere a como dé lugar. Finalmente será un perro caprichoso, que nos generará algunos dolores de cabeza.

Si además, él logra que le juguemos, que lo saquemos a pasear, que le demos comida (sea de perro o de humano), que lo dejemos subirse a los muebles (las camas también son muebles), que nos arrastre (sin patines) al parque, entre otras muchas cosas, está aprendiendo que él manda y que él hizo bien la tarea, ya que logró crear un buen vínculo afectivo utilizando sus poderes de generador de ternura y además logró establecer una autoridad, ya que todos los humanos con los que convive le obedecen. Y esto no está mal para ningún perro; igual habría pasado en estado natural, libres, dentro de su manada perruna; el problema es para los humanos que un día no lo soportarán más, y que terminará por alterar su estilo de vida.

Así que lo que debemos hacer es, darle afecto, pero expresado en caricias, alimento y juego cuando nosotros lo decidamos y no ante la solicitud del perro.

Otro aspecto, es lo que el perro va entendiendo a medida que convive con su familia humana. Si dejemos que se suba a los muebles, él entenderá que ese es su puesto de vigilancia de la manada; lo que le dirá que él es el líder. En estado salvaje, la posición elevada es adoptada por los alfa para cuidar de los suyos y divisar el almuerzo.

Si le damos de comer antes que nosotros, será la consecuencia apenas lógica de lo anterior. El divisó el almuerzo, se organizó la cacería y el resultado es que sus súbditos atraparon la presa (así sea el concentrado) y él como líder es quien merece comer de primero; mientras los demás esperan las sobras.

Si al cruzar las puertas, él perro va adelante, tendrá claro que como líder debe ir delante de la manada, decidiendo por donde ir y abriendo el camino. Si, además, él va liderando la marcha hasta llegar a donde él quiere; el parque, tendrá aún más claro que cumplió a cabalidad su papel de guiar la manada al sitio de esparcimiento.

De manera, que lo que debemos hacer, es lograr que el perro obtenga todo lo que necesita para su bienestar, pero tras nuestra decisión y tras obedecer algo o mostrar el comportamiento deseado. Así, para salir, debe permanecer calmado, mientras le ponemos el collar o le damos la orden de cruzar la puerta.

Si a diario hacemos esto, y lo aplicamos a cada situación que vivamos con nuestra mascota, construiremos esa relación jerárquica sin problema; pero si intentamos imponer nuestro liderazgo por la fuerza, sólo lograremos perros nerviosos o que algún día se nos rebele. No es una buena idea ponerlo patas arriba y sostenerlo en esta posición con nuestra mano, dizque para imitar la actitud de los líderes. Primero, los líderes NO SIEMPRE hacen esto; sólo en algunas situaciones específicas, segundo, esto sólo logrará que el perro aprenda que ante algunas de sus actitudes, nosotros nos volvemos locos y hacemos locuras. Tercero, nos arriesgamos a que algún día, el perro más grande y fuerte se rebele y nos ganemos un mordisco.

Lo mismo se aplica a las imitaciones de mordiscos con nuestra mano, en forma de boca canina, que se lanza cual serpiente a dar un pequeño mordisco a nuestro perro ante algo que está mal hecho (para nosotros, claro).

Y si de sacar a dar largos y agotadores paseos a nuestros perros se trata, lo mejor es caminar. Trotar también funciona, pero debemos tener en cuenta el perro que tenemos; su tamaño, contextura, raza, conformación, que tan bien respira (ver perros feos pero tiernos); y sobre todo, debemos hacer un entrenamiento paulatino, al igual que si nosotros fuéramos a correr la media maratón. Esto mismo aplica para sacarlo a montar en bicicleta (jaja), bueno, a correr al lado mientras nosotros montamos en bicicleta, y lo mismo para patinar.

Si no hacemos un entrenamiento lento, progresando poco a poco, corremos el riesgo de lesionar al perro, lesionarnos nosotros, por el exceso de esfuerzo físico sin preparación, y corremos el riesgo de quedar estampillados contra un poste cuando el perro decida tomar la izquierda y nosotros la derecha o a la visconversa; o caídos como el Señor caído de Monserrate cuando al ir en patines, los perros frenen y nosotros caigamos por encima de ellos. suena divertido, pero no lo es, ni para el perro, que se asustará, ni para los humanos que no daremos un totazo. Aunque lo último es lo menos grave; finalmente, el dolor pasa y no nos traumatizaremos; pero es posible que los perros sí.

Así que si tienen alguna duda o algún problema de comportamiento (del perro o de ustedes) mejor asesórense por un buen etólogo (veterinario o no), que vaya a su casa y le enseñe como corregirlo o corregirse, y no sigan a ciegas los consejos mostrados por profesionales caninos en televisión, que si bien funcionan en el show, no sabemos cuantas tomas fueron necesarias; y si fue de primerazo; eso no implica que también va a funcionar en el caso específico y totalmente diferente que usted vive con su mascota perruna.

Mucha suerte.