miércoles, 20 de febrero de 2013

Primera Carrera de Aventura


Domingo 7 de Junio de 2009.
5:00 a.m. Suena el despertador, me pongo la “pinta” de aventura, así sin bañarme porque para volver aún más sucio…
Un rápido desayuno de “Cor-fleis” (Todo cereal puede ser cor-fleis) y morrales, cascos y bicicletas al carro. Creo que no falta nada.
6:05 a.m. Llego a la Av. Boyacá con calle 53, frente a Olimpica. Recojo a mi co-equipero (Diego) y a nuestra asistencia (Papá).
7:05: Llegamos al Nuevo centro deportivo de Faca, Cundinamarca. Entramos y registramos nuestra inscripción. Debemos comprar un kit escolar que dejaremos en una escuela durante el recorrido. Es una buena idea, ya que es una ayuda para los niños de esas veredas y nuestros carros, bicicletas, implementos y demás pasaron por los $ 3.000 hace mucho.
Nos entregan el mapa y los números de carrera, 03.
Nos ponemos en la tarea de marcar los puestos de control (PC) en nuestro mapa. Hay unos mapas modelo pegados en las columnas para esto.
Una vez listo, sobre nuestra mesa de trabajo (el capó del carro) fijamos el recorrido, señalamos rumbos, y … se nos olvidó el papel contact. De vuelta en la mesa de registro, lo compré y forramos el mapa y el recorrido a seguir. Aquí aprendimos que Diego no debe forrar esas cosas. No sabe usar el contact. Por favor, alguien que lo ponga a forrar libros hasta que aprenda.
Ahora sí, con el mapa protegido contra agua, barro, y demás; comenzamos a alistar el equipo que llevaríamos y las bicicletas.
Luego, a la línea de salida. Justo a tiempo. A las 8:40 comenzaron las indicaciones y finalmente a las 9:00 a.m. partimos rumbo a PC1, un puesto sobre la línea férrea. Gran montonera de bicicletas, 3 cuadras, cruzamos la carretera, otras 3 cuadras, línea férrea, no cabemos todos, finalmente, pasamos y nos ubicamos en la fila de corredores. De brinco en brinco sobre las traviesas fuimos avanzando. Pronto debimos frenar fuerte, la fila se detuvo y un corredor delante nuestro estaba entre un caño; había perdido el equilibrio en la bicicleta por lo inclinado y angosto del paso y había caído como una plasta entre el caño, pero estaba bien… bien mojado y apenado…
Pronto continuamos tan solo para volver a detenernos ante la caída del siguiente corredor; éste no a un caño, sólo pastico. Seguimos avanzando y nuestra desconocida pesadilla se aproximaba; una zona de ramas y palos en el suelo. Y de pronto, traca, traca, matraca, una rama estaba enredada en la rueda trasera de la bicicleta de Diego. Nos detuvimos y pensamos en sacar la rama y seguir, pero al observar la rueda, vimos un trágico cuadro; el tensor roto en 2 partes… Y ahora qué? Sin tensor, sin cambios, sin poder pedalear, sin una bicicleta… nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo.
Tomé la decisión de avanzar trotando y empujando las bicicletas; recorrimos un buen tramo y Diego tuvo la idea de quitar el tensor, romper la cadena, acortarla y volverla a unir, de manera que pudiéramos seguir así fuera con un solo cambio. Nos detuvimos y nos pusimos a desarmar y re-armar. Si ya habíamos perdido tiempo trotando, aquí sí que perdimos todo el tiempo del mundo; ya habían pasado todos los equipos y no se veía sino a una persona unos metros adelante. Parecía ser el PC1. Ya con la cadena lista, seguimos y la cadena se acomodó en un piñón más grande, así que la cadena quedó tan tensionada que sabíamos que pronto se rompería si no lo solucionábamos. Llegamos así a PC1 y nos enteramos que faltaban 2 equipos por pasar; bueno, no éramos los últimos.
Pero… y la cadena… Diego decidió soltar la llanta trasera para aflojar la cadena, reacomodarla y volver a apretar la llanta. Funcionó, seguimos montados aunque la velocidad no era mucha, pues no se podía usar ninguna otra combinación de cambio. Iríamos toda la carrera en 2 – 2.
Al final del tramo de vía férrea, tomamos una carretera destapada a la izquierda y comenzó el ascenso. Se pedaleó hasta donde se pudo, pero la pendiente requería un cambio de mayor potencia; así que los tamos más pendientes se hicieron a pie. Después de ascender entre las nubes que habían bajado sobre nosotros para cobijarnos con su frío, llegamos a la cima y comenzó el descenso; de nuevo podíamos montar y llevar una buena velocidad. Por el camino encontramos a otro equipo deshinchando... bien, íbamos alcanzando a algunos de los últimos. Pronto llegamos a PC2, nueva revisión del mapa y seguimos descendiendo.
Luego nos detuvimos a revisar nuevamente ya que no encontrábamos el desvío hacia PC3. Y nos fuimos de exploradores solitarios esperando no ser vistos por ningún juez. Diego de vuelta hacía arriba a pie, y yo hacía abajo. Nada. Media vuelta hacía arriba hasta encontrarnos nuevamente. Nueva revisión del mapa y ¿?????? Ni idea. Les cuento que mi bicicleta cuenta con un moderno odómetro Cateye Velo 5 que funciona a las mil maravillas siempre que no se lo necesita; por lo tanto había dejado de marcar (velocidad, distancia) hacía un rato. Así que basados en la ausencia de huellas de bicicleta decidimos seguir devolviéndonos hasta que vimos algo…, era como una loma-potrero con piedras, pasto, tierra, árboles y a un “man” bajando con la bicicleta al hombro. “Será por aquí???” Y aunque la pregunta era entre nosotros, el “man” (creo que era un fantasma porque que diablos hacía alguien “normal” por esa trocha con la bicicleta al hombro????) respondió: “sí, es por ahí. Allá arriba hay más gente”. Pues ni idea, pero hágale. Como era un terreno con tierra húmeda, fácilmente vimos las huellas de pisadas y llantas de bicicleta de otros corredores.
Pues suba y suba y suba… hasta el infinito y más allá, por un camino de sub-herradura; por entre un bosque. La bicicleta avanzaba empujada con cierto esfuerzo por algunas zonas, pero en otras avanzaba sobre nuestros hombros, ya que por el terreno, piedras y escalones era imposible empujarla. Tras algunos minutos de recorrido vi a otro equipo adelante nuestro; los alcanzamos, nos dieron paso y los fuimos dejando atrás. Finalmente, otra cima coronada, comenzó el plano y pronto el descenso; nuevamente sobre las bicicletas bajamos a  lo que el terreno lo permitía. Curvas, piedras, tierra, saltos, carros por el lado izquierdo de ellos, que era el derecho nuestro (mejor dicho, de frente), derrapadas y overoles naranja de la defensa civil. Llegamos a un cruce y tras un corto ascenso, estaba PC3, la escuela donde debíamos dejar el kit escolar y las bicicletas para hacer un tramo en trekking.
Una bajada al trote, un giro, otro cruce y nuevamente ascenso. Caminamos a lo que nos daban las piernas; y nuevamente subimos y subimos y subimos. Aquí encontramos varios equipos ya de vuelta de PC4; nos acercábamos a algunos de ellos. Después de un rato por fin nos acercábamos a PC4, la voz de nuestra asistencia (recuerdan que era mi papá?); luego un corto pero fuerte ascenso más y PC4. El juez allí anotó la hora en la credencial y por primera vez fuimos conscientes de ella. La una de la tarde. Llevábamos 4 horas dándole y nos faltaban 6 PCs más. Una vez más, baje y baje y baje al trote. De vuelta en la escuela que también era PC5, otra vez estábamos sobre las bicicletas rumbo al PC6 (Unidad deportiva de donde habíamos salido). Un descenso rápido y un plano lento a lo que daba el cambio 2- 2 nos llevaron allí. Dejamos las bicicletas, recogimos los neumáticos de camión, la bomba de inflar y al trote hacía PC7, un punto dentro del pueblo.
Ahora llovía (Diego aprendió que nunca se debe dejar la chaqueta impermeable) y nosotros caminábamos por el centro de Faca. Cuando finalizó el conteo de cuadras según el mapa, estábamos en la entrada del parque Las piedras del tunjo. Allí era. Entramos, a la derecha, ascendimos por una piedra resbalosa por la lluvia y llegamos a PC7; prueba: Tirolesa. Alcanzamos a otro equipo. Ya a punto de ponernos los arneses detuvieron la prueba porque nuevamente diluviaba. Aprovechamos para comer alguito. Luego, escampó, arneses puestos, amarrado a las cuerdas y avance. Aquí fui consciente de lo que pesa un neumático de camión que iba en mi morral mientras yo colgaba boca-arriba de la cuerda. Hale que hale con las manos llegué al otro lado. Mi asistencia gritó “gírese a la izquierda”. Así lo hice y quede de frente a la piedra. Me sostuve con manos y pies como pude, me abracé a una saliente de la roca y recuperé fuerzas. Un pie arriba, impulso, halé con los brazos y de alguna manera subí la roca. Diego arrancó la tirolesa mientras yo descendía de esa piedra por una cuera con nudos. Eso más que descender se debe llamar resbalar.
De nuevo, suba la piedra resbalosa, entregue arneses, recoja el pasaporte y siga. Ya abajo me disponía a sacar el mapa para revisar la dirección y ubicación de PC8, pero nuestra asistencia nos dijo: “por acá hay un atajo y llegan al lago para la siguiente prueba”. Así que lo tomamos, llegamos al lago y cuando nos disponíamos a inflar los neumáticos oí una voz: “les falta una firma”. Cómo así?  Sí, les falta rappel. Pues ahora sí saqué el mapa y ubique PC8. Aquí aprendimos a siempre revisar el mapa antes de continuar, así sea para corroborar la dirección dada por quienes no acompañan. Y caminamos, y caminamos, y caminamos en ese parque buscando PC8. Casi no, pero finalmente, lo encontramos. Ascendimos a la roca, arneses listos, descendimos, el 8 muy caliente, y de nuevo hacia el lago.
Ahora sí en el lago (PC9), a inflar neumáticos con bomba y … 10 minutos más tarde, al agua sobre el neumático, chapuceando como podíamos avanzábamos hacia el otro lado. Una vez allá, caminamos entre lodo, tomamos la pinza perforadora e intentamos perforar el número de carrera. Casi no se logra, no sé si porque así de dura era la pinza, el material o ya quedaban pocas energías. Con una perforación con forma de osito en los números de carrera, emprendimos el regreso. Ya habíamos descubierto una zona en la que se alcanzaba a tocar al fondo con los dedos, así que impulsándonos de piedras, palos, llantas, etc. y chapuceando un poco llegamos de vuelta. Ahora hacíamos la parte de la prueba más fácil y cómoda de toda la carrera; echados sobre los neumáticos, los desinflábamos para presentarlos al juez y recibir el pasaporte para seguir hasta la meta.
Y ya un poco agotados caminamos-trotamos-comimos-hidratamos hasta la meta en la unidad deportiva.
Habían sido alrededor de 6 horas de carrera, un daño mecánico, un par de perdidas, dos aguaceros, mucho Gatorade, algunas galletas y chocolatinas, muchos pedalazos, pasos caminando y trotando, un nadadito de perro, muchos aprendizajes, experiencias, cansancio acumulado y una gran aventura.
Mientras llegaba la hora de cierre de meta y la premiación, al calorcito del carro comimos sanduches de jamón y queso, ensalada de verduras con atún, con la hoja de la navaja a falta de cuchara. Otro poco de Gatorade y por fin llegó la premiación.
Queda agradecer a todos los que colaboraron con la causa. A Goyes Motor Design por las camisetas (ahora negras); a nuestra asistencia por la compañía, el ánimo, los chalecos, la comida y toda la ayuda; a Diego por aventurarse en estas locuras conmigo, por las buenas ideas ante la avería, las perdidas y el frío, por el ánimo y esfuerzo permanente a pesar del desfallecimiento en la cima entre PC2 y 3 con la bicicleta al hombro, por los neumáticos y la bomba. A todos los fotógrafos y camarógrafos (son la misma asistencia) que cubrieron el evento.
Entrenaremos duro, pondremos un mejor tensor, llevaremos otro de repuesto (porque lo que se lleva de repuesto nunca se necesita como el neumático de bicicleta que teníamos), tendremos mejor odómetro o dos, sabremos navegar mejor (no sólo sobre neumático), revisaremos el mapa entre cada PC, esperamos llevar más kits escolares.  
Alejandro Rodriguez

martes, 5 de abril de 2011

NO CUMPLEN AÑOS Y VUELAN AVIONES


Uno tras otro salen los voluntarios techeros del Portal Tunal de Transmilenio en Bogotá. Desde las 8: 30 a.m. se ve el desfile de blue jeans y camisetas blancas con mensajes alusivos a la labor realizada por la Fundación Un Techo Para Mi Pais. El grupo va creciendo e invadiendo las escaleras y la plazoleta en el sitio de encuentro. Se saludan fraternalmente, le dan la bienvenida a los nuevos, se organizan los grupos según los barrios a los que se dirige cada uno, se dan las indicaciones pertinentes y se montan a los buses de transporte público que los llevarán a realizar las diferentes labores.

Yo subo al bus cuyo letrero dice “Alpes”. Tras 20 minutos de charla, recocha y Happy Bithdays para los voluntarios cumpleañeros de la semana, llegamos al paradero de buses, donde descendemos y entramos a la cafetería y panadería La Bumanguesa a comer croissants de queso, bocadillo o arequipe, gudiz y gaseosa o Pony Malta por una módica suma de 2000 o 2500 pesos. Mientras se degusta las medias nueves, se organizan los últimos detalles y los voluntarios que trabajan en el barrio El Recuerdo de Ciudad Bolivar comienzan a caminar, para, después de 10 minutos llegar al TET (Techo para la educación y el trabajo). Es una construcción de madera, como todas las de la fundación, más amplia que las viviendas de emergencia, con un único espacio, algunas mesas y sillas.

En el TET se reúnen, para organizar lo necesario para la jornada y comienzan las labores. Los voluntarios de construcción por un lado, los de jurídica por otro, los de asignación y detección abordan a la gente y los de educación convocamos y reunimos a los niños frente al TET o al lado de la cancha de fútbol en tierra que tiene el barrio.

La anterior escena se repite domingo tras domingo. A las 5, 6, 7 a.m. comienzan a sonar los despertadores de los voluntarios que se dirigen a cumplir con su compromiso con la educación de los niños, la vivienda de las familias y la solución de diversos problemas de las comunidades que viven en extrema pobreza. No importa el sueño, el cansancio de la semana, el guayabo o si la tiene viva; con cachuchas, gafas oscuras y bloqueador solar los voluntarios van apareciendo.

La jornada se centra en tomar datos de los niños del barrio y hacer un diagnóstico de lectura, escritura y operaciones matemáticas básicas. Ante la pregunta “cuándo naciste” o “cuál es tu fecha de nacimiento” el 98% responden “no sé” y miran como diciendo “debería saberlo, cierto?”. Su cumpleaños no es recordado, no es una fecha importante ni significativa para nadie. Al preguntarle a sus padres, la misma respuesta se escucha de algunos; “no me acuerdo, espere le preguntó a la mamá” o “yo ya tengo tantos hijos, que ya ni me acuerdo”. Es una labor más, tal vez un deber más de los voluntarios celebrar estas fechas cada domingo. Hacer una actividad especial, pequeña, sencilla, pero que, al igual, que a gran parte de la población, les sea reconocido y celebrado el haber vivido un año más, el crecer, el madurar, el haberle dado una vuelta más al sol a bordo de La Tierra.

La segunda actividad es hacer unos dibujos y construir unos aviones de papel; trabajando las habilidades motrices. La línea de producción arroja aviones de diferentes tamaños, y diseños. Gracias a las nociones de la leyes de la aerodinámica que se aprenden en un barrio como El Recuerdo, donde el viento sopla con fuerza en todo momento, los aviones surcan los cielos; sus pilotos en tierra, corren para ubicarse mejor a favor o en contra del viento, para atrapar sus aviones antes del inminente choque y para corregir diferentes aspectos de su diseño y lanzarlos al cielo de nuevo.

Diferentes jornadas trabajan variados aspectos académicos, cognitivos y formativos de los niños cuya infancia no ha sido igual a la que vivimos los que podemos estar leyendo este blog; ellos no tienen un jardín en la casa – no tienen casa, sino cambuche -, no tienen un parque en el barrio para ir a jugar cogidos de la mano de sus papás; pues, tampoco tienen barrio; son unos extraños en tierras ajenas. Sus tierras fueron tomadas por otros, más extraños aún, en nombre de la lucha social de uno u otro lado; todos con excusas para quedarse con tierras y animales, todos con una excusa – la misma de hecho – para disparar un fusil contra alguien con el mismo camuflado pero diferente bandera. La mano del papá o de la mamá que los lleva al parque tampoco existe, pues, primero, no hay parque, es un peladero de tierra con dos porterías de fútbol en los extremos, y segundo, esas manos están buscando (de cualquier manera) el sustento para sus familias, y regresarán hasta la noche, incluso los domingos.

Es una infancia sin juguetes, o con juguetes un poco diferentes a los nuestros, pues les falta una pata para poder caminar, una cadena para poder pedalear, una llanta para poder rodar, aire para poder rebotar, etc., son juguetes incompletos, rotos, usados, deteriorados.

Es una infancia sin televisión (tal vez sea mejor!) o con mucha televisión desmedida sin control adulto de lo que ven; una infancia con experiencias de violencia en su tierra natal, la misma violencia que los hizo huir a un cinturón de miseria alrededor de la capital; una infancia con violencia intrafamiliar; una infancia sin educación acorde a la edad; una infancia sin alimentos en cantidad y calidad adecuada; una infancia, que escasamente puede llamarse infancia por la edad de los niños, pero el resto de las características no existen.

Actividades de lenguaje, de matemáticas, de manualidades, y juegos, intentan generar las habilidades no desarrolladas aún, o fortalecer las existentes; llenar vacíos dejados por el ausentismo escolar, y poner en evidencia falencias de aprendizaje, académicas, del sistema educativo colombiano, de un aspecto que es un derecho de todos, pero lo convertimos en un privilegio de algunos. Actividades que ponen de manifiesto sus experiencias de vida, y que se expresan mediante algunos dibujos que plasman armas, disparos, familias incompletas y escudos de equipos de fútbol (el deporte que más violencia genera en el mundo, lo digo yo).

Los voluntarios hacen su mejor esfuerzo por lograr sus metas, por mejorar el aspecto escolar, académico, cognitivo, social formativo de los niños que su voluntariado puso en sus manos; hacen su mejor esfuerzo por lograr un impacto positivo en los niños cuyas experiencias de vida no son, precisamente, envidiables.

En medio de una de las actividades aparece un llamado para revisar y atender a un bebé de aproximadamente 6 meses que no para de llorar y cuyo cuerpo está morado (asfixia?), no, no es asfixia, el cuerpo completo no está morado; son moretones en espalda, brazos y piernas (de golpes?). Es fácil hacer la revisión, pues no tiene ropa, estaba envuelto en una toalla. Y los hermanos? Ahí están bajo el cuidado de la hermana mayor… de 10 años de edad. Y la ropa del bebé? Está “toda” sucia, y “toda” no es mucha. Lo poco que hay limpio no está tan limpio y le queda pequeño. Y el tetero? No tiene. Y la comida de la casa? No hay. Y la pregunta: “Hace cuánto no comen?” Desde ayer. Ayer fue sábado; hoy es domingo, 1 p.m. Eso son como 16 – 18 horas sin comer.

De las maletas de los voluntarios salen galletas y yogurt; de la tienda cercana sale pan y leche para todos. De la casa de una vecina sale ropa de bebé. Una vez abrigado, y sin hambre, vuelve a sonreírle a la vida. Por cuánto tiempo? Y los papás dónde están?

Se ensaña el destino con la misma familia? Fue su error? Fue un error tener tantos hijos en este mundo? En el campo colombiano? Estar en el lugar equivocado cuando pasaron los hombres, definitivamente, equivocados?

Los voluntarios regresan a sus vidas. Comen, duermen, descansan, estudian, trabajan, se encuentran, hacen planes, van a cine, ven “Los colores de la montaña”. Ni que mandada a hacer. Y después de la película, un café (a pesar de utilizar y contaminar 36 galones de agua por taza de café), y la nueva noticia del barrio; la misma familia tiene a su hijo mayor, de 14 años desaparecido. Salió del barrio en Enero con un hombre de la comunidad, con el permiso de sus papás para viajar a Boyacá por una semana, y nunca volvió. El tal hombre apagó su celular hace mucho y no han podido contactarlo, ni saben de su hijo. Ponen el denuncio, pero qué puede hacer la policía ante tantas denuncias de desapariciones y sin tener un buen sistema para rastreo de personas? Ojalá encuentren a su hijo, pero sabemos cual es el más probable final de la historia.

Seguiremos viviendo en nuestra realidad, ya no tan ajenos a la otra realidad que nos rodea a diario, pero que no vemos, o no queremos ver; de la cual huimos, tal vez por miedo de llegar a ser uno de ellos en las vueltas de la vida, tal vez porque estamos muy cómodos para incomodarnos sin ninguna necesidad individual y egoísta.

Pero a pesar de todo, cientos de voluntarios se seguirán levantando domingos, sábados y hasta entre semana para hacer algo por esas comunidades, por que tengan una vida más digna, por un acceso al estudio, a oficios, por que tengan la posibilidad de comenzar un pequeño negocio que les dé el sustento diario y por que tengan una casa cuyo piso no sea en tierra, cuyas “paredes” no sean lonas, plásticos, tablas, latas y por cuyo techo no entre el agua cada que llueve y no se levante y vuele con cada ventarrón.

Hasta el próximo domingo.

miércoles, 19 de enero de 2011

Un Techo Para Mi País (UTPMP).



“Ver la satisfacción de las personas”

“Quiero pasar de las palabras a los hechos”

“Es injusto que estemos en nuestra casa sin hacer nada por estas personas”

“Por el azar del destino les tocó algo que a nosotros no”

Estas fueron algunas de las frases que se escucharon en la charla dada por los voluntarios de formación y voluntariado de la fundación sin ánimo de lucro “Un techo para mi país” el pasado jueves 13 de Enero de 2011. Fueron frases dichas por los asistentes al preguntárseles por la motivación para asistir a la charla y para querer ingresar a engrosar las filas de voluntarios de la fundación que se dedica a conseguir los recursos, materiales y construir casa de emergencia a familias que viven bajo un cambuche hecho de palos y plástico.

Se denominan viviendas de emergencia ya que el objetivo no es que se queden viviendo ahí por siempre, sino que mejoren sus condiciones de vida y con la ayuda de las otras áreas de la fundación, como la de habilitación social, continúen mejorando su calidad de vida y puedan acceder a una casa más grande y cómoda, dado que estas tienen tan solo 18 metros cuadrados. Son pequeñas pero seguras y brindan protección contra el frío, la lluvia y el sol. Según estudios realizados por la Universidad de Berkeley, la calidad de vida de las personas que reciben una de las casas construidas por UTPMP mejora en 300%. Otros estudios realizados por algunas ONGs muestran una importante disminución en la incidencia de enfermedades respiratorias en niños que pasan de dormir a la intemperie o bajo los plásticos y cartones del cambuche a vivir en una de las casas.

Lo mejor de todo es que no se les regala la casa, ellos deben pagar el 10% de la misma, que es alrededor de 300 mil pesos; lo cual hace que sientan la casa más suya y no como un regalo pasajero, hace que le metan el hombro (y todo el cuerpo) a la construcción, ayudando al lado de los voluntarios. Los resultados reafirman la frase insignia de UTPMP: “Latinoamérica no necesita caridad, necesita justicia”. Y creo que es cierto; hemos visto las campañas de los gobiernos para no dar limosna monetaria a los niños, para evitar que los papás los pongan a pedir plata en vez de estar estudiando y disfrutando su niñez. Es cierto, no debemos hacerlo. Ese dinero lo toman los adultos, suponemos que para cubrir los gastos de la familia, pero sabemos que también se gasta en cigarrillo, alcohol y, a veces, hasta droga; y no se cubren las necesidades básicas de los niños que permanecen horas bajo el sol o la lluvia pidiendo plata en las calles.

Si, en cambio, deben conseguir 300 mil pesos, que no es tan fácil para la mayoría de dichas familias, se evita generar la cultura de “somos pobres, debemos recibir regalado todo de los que tienen más”. Ahora, lo anterior puede darse; pero siempre será mejor enseñarles a pescar que darles los pescados; así, cuando la fundación terminé su trabajo y ellos deban seguir solos, pueden hacerlo. Así no les tocará esperar a que otra fundación o alguien más aparezca a regalarles algo que supla otra de sus necesidades.

Yo asistí a la charla pensando que encontraría “cinco gatos más”, pero estaba muy equivocado. Al llegar, la charla ya había comenzado, y el salón estaba tan lleno que el grupo que entró conmigo tuvo que ubicarse de pie, en la parte de atrás del salón sin poder escuchar muy bien lo que decían los voluntarios conferencistas. Al cabo de unos minutos, otro voluntario interrumpió la charla para invitar a los que quisieran a una nueva charla no programada que se abriría en el salón de al lado; a la cual asistí finalmente, ya que me había perdido la primera parte de la otra.

Además de los interesados asistentes a las charlas, había una importante cantidad de personas por toda la casa sede de la fundación, ubicada en el barrio Teusaquillo en la ciudad de Bogotá. Algunos charlaban, parecían tomando un descanso, pero la mayoría realizaban diferentes labores. Algunos se reunían para planear las diferentes intervenciones que hace la fundación en los barrios en los que vive gente en situación de pobreza o extrema pobreza.

Este último grupo se define por el tener que vivir con menos de un dólar al día. En Colombia existen 22 millones de personas (46,8%) en situación de pobreza; y 4,8 millones (10%) en extrema pobreza (los que viven con menos de 2 mil pesos al día). Se imaginan? Se imaginan ustedes, queridos lectores (como escriben los periodistas, columnistas y bloggeros famosos), tener que vivir con menos de 2000 pesos al día?. Difícil! Verdad? Algunos pensarán que más que difícil, es imposible. Si hacemos unas rápidas cuentas; al salir de la casa y tomar un bus son 1400 pesos, y si no gastamos más en todo el día sino eso y el bus de vuelta, ya son 2800 pesos al día; ya pasamos del dólar diario. Y a lo anterior falta sumarle el desayuno (así lo tomemos en casa), el almuerzo, el “algo” de los paisas, y la comida, mas los antojos callejeros, gas, gasolina, servicios, mantenimiento de la bicicleta, burro o cualquier otro medio de transporte que tengamos e infinidad de cosas más en las que gastamos a diario. Cómo hacen para vivir con menos de 2000 pesos al día???? Si ni siquiera entiendo cómo vive toda una familia de 3, 4 o más personas con el mínimo, que son casi 18 mil pesos al día; cubriendo alimentación, vestido, arriendo, transporte, entre otras cosas.

“Es injusto que estemos en nuestra casa sin hacer nada por estas personas”.

Es la frase que más me pone a pensar. Creo que es cierto. Es injusto, pero muchos de nosotros no tenemos responsabilidad en dicha injusticia. Podríamos decir que “la vida es injusta” o que lo fue con ellos. Algunos tienen en sus manos hacer algunos cambios para comenzar a modificar esa realidad desde las leyes, el gobierno, los presupuestos estatales, y desde el manejo de diferentes entidades que influyen directamente en la distribución del capital y en el manejo de recursos para, por ejemplo, educación, la cual al ser un derecho debería estar garantizada para toda la población, independiente de su clase social. Y otros más sí tienen responsabilidad directa al desviar los recursos destinados para estas poblaciones o al engañarlos “vendiéndoles” lotes que no son de su propiedad y de los cuales, luego, son expulsados.

Sin embargo, si creemos que sí es injusto, o si, simplemente queremos hacer algo por cambiar la situación (“Quiero pasar de las palabras a los hechos”) esta fundación es una buena oportunidad para hacerlo. Es una fundación que está en 19 países de Latinoamérica, con patrocinio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) con miles de voluntarios (más de 7500 en Colombia) que han pasado por sus filas, y una gran oportunidad para la ayuda, para disminuir la injusticia, para la habilitación social; y sobretodo para dar de todo eso que tenemos como dinero, tiempo, conocimientos, capacidades, trabajo, etc.

No es sólo ir y construirles una casa, sino es que ellos la construyan con uno; y además es enseñarles sobre salud, sobre sus derechos, sobre procedimientos legales, sobre prevención sexual, y muchos otros temas de interés y utilidad para esa población que no ha tenido el mismo acceso a la educación y al conocimiento como nosotros. Además es capacitarlos en diferentes oficios que podrían hacer para “ganarse la vida”. También es ayudarles a generar ideas y proyectos para los cuales se les hacen pequeños préstamos (no regalos), que deben pagar en un lapso de tiempo determinado.

En conclusión, es darles unas herramientas para la vida, para que labren su futuro.

Es injusto? Debemos hacer algo? Podemos hacer algo? Qué puede hacer cada uno de nosotros?

A qué vinimos al mundo? Cuál es nuestra misión? Vinimos a vivir sin más ni más, sin mayor propósito? Será el propósito ayudar a tener un mundo mejor? Venimos a vivir como autómatas y que nuestro hijos repitan la historia?

Si se están preguntando qué tienen que ver estas preguntas con el tema del blog, debo decirles que no tengo ni idea; simplemente surgieron en mis dedos escritores mientras escribía el final del blog. En fin. Espero que pensemos al respecto.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Vivir o no vivir…


Hemos escuchado a lo largo de nuestra vida, que tal o cual persona se suicidó. En ocasiones son personas cercanas, medianamente cercanas, o desconocidos, seguramente de la farándula. Independiente del vínculo que exista, son eventos que siempre nos tocan de alguna manera, unas veces más profundamente que otras; a algunos más que a otros; dependiendo de nuestra forma de ser, de nuestra sensibilidad – supongo -, y de la cercanía con esa persona.

Mucho se ha dicho al respecto. Siempre se elucubra sobre el o los motivos que lo (a) llevaron a hacerlo, que una vida llena de dificultades, que el marido la dejó con no sé cuántos hijos, que los problemas económicos, que estaba sola en la vida, que se quebró, e infinidad de posibles motivos más; lo cierto es que no tenemos certeza sobre qué lleva a ciertas personas a terminar con sus vidas.

Los científicos han dicho que se trata de desordenes a nivel neurológico, – y seguramente tienen razón – en los que no hay una adecuada producción de ciertos neurotransmisores que son los encargados de lo que llamamos el instinto de supervivencia, son los encargados de nuestro estado emocional, y por lo tanto de mantenernos felices o, al menos, en un estado “neutro” en el que si no estamos absolutamente felices, tampoco estamos deprimidos, y también se encargan de hacer que evitemos las situaciones riesgosas, tanto externas como autoinfligidas.

Si existen fallas metabólicas que llevan a que nuestro cerebro tenga unos niveles inferiores a lo normal de dichas sustancias, los aspectos mencionados se verán afectados, y es ahí donde tenemos a las personas que sufren depresiones, a veces, incluso sin motivo aparente, son las personas que hablan de terminar sus vidas. También han dicho los expertos que siempre debemos poner atención ante las expresiones suicidas, que no se debe ignorar sus comentarios, que se debe alertar a la familia, hacerle un seguimiento y, finalmente, remitir al especialista.

Sin embargo, si tenemos en cuenta la historia de quienes llegan a cometer el acto suicida, y vemos que a pesar de los intentos de ayuda por parte de la familia, amigos y especialistas, lo llevan a cabo, podemos pensar que ante fallas fisiológicas, la ayuda psicológica, y por tanto externa, no tiene mayor efecto sobre la decisión de quitarse la vida.

Algunos suicidas dan todas las señales del mundo, otros algunas pocas, y otros no dan señal alguna. Dicen, también los expertos, que la decisión de quitarse la vida no se toma en el momento en que se lleva a cabo, sino que ya se ha tomado tiempo atrás y, simplemente, se espera el momento para hacerlo, tal vez ante algún detonante o en un momento de muy bajo nivel de serotonina, noradrenalina y dopamina, neurotransmisores encargados de mantener nuestro estado emocional en modo “feliz”.

Siendo esto así. Creo que no debemos matarnos la cabeza pensando qué pudo haberlo llevado a suicidarse. La respuesta sería muy sencilla; bajos niveles de los neurotransmisores mencionados anteriormente. Tampoco debemos culparnos por no haberlo notado antes, si es probable que no pudiéramos hacer nada. Y tampoco es lógico pensar que si hubiéramos hecho tal o cual cosa esta tragedia no habría ocurrido; seguramente sí habría ocurrido en algún momento.

Lo que pasa es que esto es una enfermedad que afecta el cerebro, y afecta funciones específicas de dicho órgano, y esas funciones se reflejan en el estado de ánimo, en algo que relacionamos con lo sicológico y no con lo físico. Pero es una enfermedad igual a cualquier otra, como el cáncer, la insuficiencia renal o hepática, los infartos, etc. Y nunca he oído a nadie culparse o mortificarse pensando si podría haber evitado su muerte si hubiera hecho algo. Las entendemos como enfermedades que se producen naturalmente o, bien, por nuestro estilo de vida; y sabemos que en algún momento esa persona morirá, así no queramos que suceda.

Suele oírse, tras un caso de suicidio la típica frase: “lo tenía todo para ser feliz”; pero y quién dijo que tener cosas hace a la gente feliz? Quién dijo que ser bonita, tener buen cuerpo, plata, estudios, viajes, familia, amigos, etc. hace a la gente feliz? Seguramente son aspectos que aportan a sentirse bien, pero que no necesariamente se asocian a una felicidad. Muchos conocemos gente que no tiene nada de eso, viven en la calle, rebuscan la comida entre la basura o pidiendo a los transeúntes y propietarios de restaurantes, visten la misma ropa por mucho tiempo y son felices; también encontramos niños en las fundaciones, a las cuales sus mismos familiares los han llevado por diferentes motivos y, al ser visitados cuentan sus vidas, cuentan como fueron abandonados, y cuentan con la alegría que hace brillar sus ojos como son de felices viviendo sin familia, con unos pocos amigos, lejos de su casa, con la poca comida y vestido que reciben de la donaciones. También conocemos gente que teniendo gran cantidad de cosas materiales y dinero, deciden regalarlo todo y dedicarse a la ayuda humanitaria, y claramente son más felices que los que montan una fachada de felicidad hecha de rumbas, trago, droga, amigos de parranda, lujos, etc. De manera que no hay relación alguna entre el “tenerlo todo” y realizar un acto, aparentemente opuesto al estilo de vida; y más cuando es un “tenerlo todo” salido de una sociedad capitalista y materialista.

Otra típica frase es “y no pensó en los que se quedan acá con el dolor de su muerte… cómo fue capaz”; pero es que eso tampoco se piensa ni se medita cuando el cerebro no funciona correctamente, ese tipo de pensamientos no existen. Cómo podrían existir si lo primero que se perdió fue el instinto de supervivencia, ese autocuidado que todos tenemos y por el que procuramos no golpearnos el dedo meñique del pie contra la pata de la cama (aunque pasa), por el que evitamos cualquier dolor físico innecesario y, muchas veces, evitamos hacer cosas que pudieran lesionarnos, como pasar por una determinada calle a una determinada hora.

Y una tercera frase, y que la tomo de uno de los reportajes escritos a causa del suicidio de Lina Marulanda (quien en últimas inspira este blog) es “Muchos no entienden cómo alguien que transmitía tanto amor por la vida pudo tomar esa decisión”. Volvemos a lo mismo; no hay relación entre transmitir amor y suicidarse. Yo también conocí a una niña de 17 años (según nuestras leyes somos niños hasta los 18 años) quien también expresaba amor, era bonita, buena estudiante, querida, con buenos amigos, con muchos logros ya alcanzados y otros a la vuelta de la esquina, perteneciente a una familia adinerada, con una gran inteligencia, excelente estudiante; y nada de lo anterior tuvo la más mínima influencia para que un día tomara la decisión, y la aplazara, para un mes más tarde, llevarla a cabo.

Yo estaba en deuda de escribir este blog. Ya había comenzado a escribirlo, aproximadamente 8 meses atrás, y quedó en veremos, supongo que entre las otras ocupaciones y que la musa de la inspiración no me acompañaba por esa época, se aplazó su desarrollo hasta hoy. Estaba en deuda con Sonita, quien espero que ahora pueda leerlo y entienda mejor lo que intenté explicarle cuando Lina Marulanda se suicidó, ante su desconcierto y la duda que le surge a muchos; “por qué?”.

Me imagino que siempre hay que dar la posibilidad de que esas personas reciban ayuda y puedan superar la dificultad por la que atraviesan y, tal vez, podamos evitar un suicidio; pero también debemos tener presente lo que explico acá. No es fácil aceptarlo así, pero es la realidad y, seguramente, lo seguirá siendo mientras la ciencia encuentra la forma de hacer que se produzcan los neurotransmisores faltantes o que se puedan reemplazar artificialmente, al estilo de la insulina.

Y como siempre, nuestra única y mejor opción es disfrutar de la gente en vida…

domingo, 19 de diciembre de 2010

OLA (INVERNAL) DE AYUDA HUMANITARIA


Manos desconocidas abren cajas de mercados previamente armados por almacenes Éxito, Carrefour y Alkosto, clasifican su contenido; en una canasta el azúcar, en otra la sal, en otra el arroz y así con los veinti-pico productos que contiene cada caja.

Al otro lado de la “barra” de clasificación, otras manos desconocidas de voluntarios de la Cruz Roja Colombiana, re-empacan los productos en caja de 23 - 24 Kg, cuyo contenido debe alcanzar para una familia de 5 personas, para una semana. No sé muy bien cómo eso alcanza para tanto, pero son los cálculos de la Cruz Roja.

Frente a una barra con rodillos sobre los cuales las cajas se deslizan fácilmente, se alinean los voluntarios que van empacando la misma cantidad de azúcar, sal, arroz, panela, aceite, enlatados, etc. en cada una de las cajas que se apilan sobre estivas, que luego son levantadas por montacargas y llevadas a los camiones de la Cruz Roja, para ser llevadas a los diferentes sitios en donde las inundaciones dejaron víctimas sin casa, sin cultivos, sin comida. Allí serán entregadas por otros voluntarios más.

Cuatro pequeñas manos también colaboran en la labor en las instalaciones de la Cruz Roja en Bogotá, en la Cr. 68 con Cll 67. Esas pequeñas manos pertenecen a un niño y a una niña de aproximadamente 8 y 10 años respectivamente, quienes junto con su mamá cargan cajas, las abren, sacan los productos y los clasifican. Trabajan tan duro como los adultos y descansan menos; tienen un ánimo y unas ganas de colaborar que ya muchos adultos perdieron o nunca tuvieron. Son los más juiciosos a la hora de clasificar los productos, apilándolos de manera que quede organizado, que no se mezclen y que no se caigan las inmensas torres de comida. Y no están todo el domingo frente al televisor…

Y sí son inmensas las torres de comida. Cuando íbamos terminando con la primera estiva de cajas, que debía tener alrededor de 60 cajas o más, escuchamos un sonido que se repetiría muchas veces durante la tarde, rrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr, pi pi pi pi pi pi pi; el inconfundible sonido del montacargas que trabajaba a la par de los voluntarios bajando toda la ayuda que llegaba en los camiones y camionetas de la Cruz Roja, y sacando las cajas listas para ser entregadas.

Pronto nos vimos atrapados por barricadas de cajas de alimento que nos rodeaban, dejando poco espacio para movernos en nuestra labor de clasificación. Otras manos más se sumaron a la labor, unos iban y venían; cambiábamos de labor a menudo, según lo que fuera más urgente; clasifique, organice, empaque, cargue, etc.

Un vaso con agua sirvió para refrescar el calor que sentíamos, y el segundo vaso con agua, unas horas más tarde estuvo acompañado de una de las frases célebres de la jornada, mientras descargábamos uno de los camiones; “así para qué gimnasio”. Inmediatamente la pregunta fue: Queda más por traer? La respuesta: Sí. Y la siguiente pregunta: Cuánto? Un viaje más? Y la respuesta: No, alcanza a haber como unos 4 viajes más.

4 VIAJES MÁS!!!! No vamos a acabar nunca. Y no acabamos ese día. Pero aún queda hasta el 31 de Diciembre para terminar de empacar, enviar y repartir las donaciones de miles o, seguramente, millones de Colombianos que decidieron utilizar una parte de la plata que tienen o que recibieron en esta época de fin de año para comprar uno o más mercados para tanta gente que no tiene ni la décima parte de lo que tenemos quienes podemos ir a regalar horas o días de ayuda voluntaria a cambio de dos vasos con agua, y de los que, mínimo, tenemos un computador para escribir y leer esto.

Si todos fuéramos así, y donáramos lo que sea; tiempo, ayuda, dinero, comida, ropa, cobijas, etc. seguro que todo sería mejor para todos.

Pero, cuántos siguen amasando sus fortunas y sólo le donan un carro cada vez más lujosos a su hijo? Cuántos compran mercados de millones de pesos para comer cosas que la mayoría nunca podrá siquiera probar? Cuántos pasan los domingos debajo de las cobijas tomando chocolate o cerveza para el guayabo mientras las donaciones comienzan a dañarse por falta de manos que agilicen su salida y entrega a quienes la necesitan? Cuántos siguen moviéndose por las congestionadas calles en carros último modelo de más de 100 millones de pesos, mientras miles de Colombianos caminan entre millones de litros de agua que se llevaron lo poco que tenían?

Gracias a Dios también existen muchas personas que, ponen su granito de arena, y compran, al menos un mercado, una cobija, un regalo; y algunos deciden ir ellos mismos a llevarlo y, de paso, a ver cómo es que se organiza todo.

No sabemos si nuestro modo de vida (el de todos) es el culpable del cambio climático y de que en un Diciembre, que suele ser soleado, aún llueva; pero lo que sí creo, es que si hemos sido bendecidos con una casa (independiente de cómo sea, y el estrato en el que se ubique), con alimento en nuestra mesa, con ropa en nuestro closet, con trabajo por el cual recibimos dinero; tal vez con un carro, una moto y probablemente, con otros lujos más, tenemos la responsabilidad moral con el mundo, con Dios, con nosotros de colaborar de la manera que mejor nos parezca y que nuestras posibilidades nos permitan con quienes no han tenido nuestra fortuna.

La mayoría decimos ser católicos, algunos pertenecen a otras religiones; pero sin importar lo anterior, todas las religiones promueven la caridad, la ayuda, la solidaridad. Rezar es importante, pedir por quienes pasan necesidades es importante, que la intención de las novenas que rezamos en esta época sea el bienestar de esas personas que sufren por el invierno está bien; pero no donamos, si no vamos y ayudamos, no sirve de mucho. Esas oraciones no han parado las lluvias, ni han hecho que el nivel del agua baje, ni que esas personas recuperen sus casas, animales, cosas, cultivos, familiares, etc. Esas oraciones han hecho que la gente les dé algo de lo que tienen en dinero, en donaciones, en ayuda.

Esas oraciones cómo han actuado en ti? Qué haces con tú dinero después de cubrir los gastos básicos tuyos y de tu familia más algunos gusticos personales? Qué haces con la ropa y cobijas arrumadas en el closet y que no se usan desde hace mucho? Qué haces con la comida después de quedar lleno o de que no te gusta? Botarla a la basura porque “eso no se lo comen ni los cerdos”? Qué haces los domingos? Y en vacaciones?

Cómo agradeces a Dios que no seas tú ni tu familia los que están con el agua hasta el cuello?

domingo, 22 de agosto de 2010

ORACIÓN DEL MAESTRO


Dame divino maestro, un amor sincero por mis alumnos

y un profundo respeto por los dones particulares de cada uno.

Ayúdame a ser un profesor fiel y dedicado,

Con mis ojos puestos en el bien de aquellos a quienes sirvo.

Que imparta el conocimiento humildemente, que escuche con atención,

Que colabore de buena gana, y busque el bien último de aquellos

A los que enseño.

Que esté presto a comprender, lento a condenar,

Ávido de animar y de perdonar.

Mientras enseño ideas y entreno en habilidades, que mi vida

y mi integridad abran sus mentes y sus corazones a la verdad.

Que mi cálido interés por cada uno les enseñe el sabor de la vida

y la pasión por aprender.

Dame la fuerza para admitir mis limitaciones,

El coraje para empezar cada día con esperanza,

Y la paciencia y el humor que necesito para seguir enseñando.

Acepto a cada alumno venido de tus manos.

Creo que cada uno de ellos es una persona de valor exclusivo,

Aunque ellos mismos no se vean así.

Sé que tengo la oportunidad de dar a mucho jóvenes luz y esperanza,

Un sentido de misión y entrega.

Sé que tú confías en mi y que estás conmigo.

Te pido tu bendición al comienzo de un nuevo día.

Te pido que me bendigas a mi y a mis alumnos, sus sueños y esperanzas.

Que aprendamos de la sabiduría del pasado.

Que aprendamos de la vida, y los unos de los otros.

Que yo aprenda de tu guía, por encima de todo,

y de las vidas de aquellos que te conocen bien.

Este es el verdadero aprendizaje: conocer cómo debemos vivir nuestra vida.

Conocer cómo somos nosotros mismos,

Y escuchar tu voz en cada palabra que aprendamos.

(Joe Mannath)

jueves, 29 de julio de 2010

“Get A Life”


Cada ocasión en la que escribo llega con su propia musa de la inspiración. Así, pues, esta no es la excepción. Y como es un blog, y finalmente, los blogs suelen ser de opinión personal; este tampoco es la excepción; sólo que, tal vez, éste sea un poco más contundente, en cuanto a la expresión de opiniones, que los demás.

Lo anterior se debe a lo molesto del tema, al menos, para mí, y seguramente, para muchas más personas.

A menudo conocemos, encontramos, y hablamos sobre las personas chismosas; aquellas que se caracterizan por INVENTAR chismes sobre los demás. Pero, como es lógico pensar, un chisme inventado, sería inútil, y hasta aburrido para su inventor, si no se divulga; así que una vez maquinado el chisme, seguramente, en cuestión de segundos; se dan a la tarea de contarlo a amigos, familiares, desconocidos, en facebook, y hasta se subirán a las busetas a hacer lo mismo.

Los chismosos NO son los que se enteran de la vida de los amigos para conocerlos, para estar pendientes, para aconsejar; tampoco son los que sabiendo sobre la vida de los demás guardan esta información para ellos o la discuten con otros amigos, sin divulgarla más allá del grupo familiar o de amigos. Chismosos son los que saben algo de alguien, pero se lo cuentan a los 4 vientos; o, peor aún, no saben nada, sino creen saberlo, por lo tanto, no es real sino un invento, y desde luego una mentira; o simplemente algo que ellos creen que es así pero ni siquiera les consta. En ocasiones puede ser como una leve sospecha o, muy seguramente, una maquinación más de su mente, que no tiene nada interesante en su propia vida de lo que ocuparse, y entonces, se dedica a ver cosas inexistentes o a inventar otras cuantas, y además para darle sentido a esto, divulgarlo.

El título de este blog “Get a Life” es un American Idiom que muestra que la persona a la cuál se le dice, tiene una gran cantidad de tiempo para hacer cosas triviales y sin sentido; como, en este caso, para inventar y divulgar chismes.

Pueden existir muchas razones para que los chismosos sean así y vivan haciendo esto. Podría ser que, dado que no tienen nada interesante en lo que pensar y de lo que hablar en sus vidas, no tengan más remedio que dedicarse a inventar cosas sobre los demás. Otra, que podría ser compatible con la anterior, sería que, ya que no tienen nada interesante que hacer, pues, no hay de otra, sino dedicarse a pensar en las personas con una vida más interesante, al menos, a su parecer. También podría ser que no les importa ni cinco el nombre y la honra de los demás; o, tal vez, hasta les interesa, por alguna enfermiza razón, dañar el buen nombre de otros.

En conclusión, creo que no existe nada bueno, y nada más detrás de estas actuaciones que una vida muy poco interesante para ellos mismo, que no tienen nada mejor en que entretenerse que meterse en la vida de los demás y andar contando, pensando, analizando lo que otros viven; y si esto no es suficiente, pues inventando y luego, divulgando mentiras, sospechas, inventos, maquinaciones de mentes en desuso, etc.

Siempre me ha parecido que una muy buena opción para estas mentes altamente imaginativas, que son capaces de crear cuentos de la nada y convencer a los demás; además de ver tramas de la vida donde no las hay; es dedicarse a ser escritores; seguramente, el género de la ficción se les da muy bien. Hasta sería posible que sus historias se volvieran famosas en la pantalla chica mexicana, en la colombiana, en la peruana; que llegaran a aparecer en las historias de Laura en América (que son puros chismes), o hasta a la pantalla grande de Hollywood bajo la dirección de Steven Spielberg.

Queda otra posibilidad aún. Si los chismes que divulgan resultan ser ciertos, y a los chismosos les consta, por qué, en vez de contárselos a media humanidad, mejor, no se los cuentan a la o las personas directamente implicadas; y así, cada uno puede decidir si divulga su vida el facebook, en El espacio, El tiempo o El espectador.

Creo que estas personas deberían tener claro que a nadie le interesa que anden contando todo lo que uno hace o deja de hacer a los demás; y mucho menos, que anden inventando cosas, no precisamente positivas sobre uno.

Tengo otras opciones para los chismosos, para que ocupen s tiempo en algo mejor. Una es ver una serie de televisión gringa, que se llama precisamente así; “Get a life”; y así se entretienen un poco y ven como el protagonista no tiene una vida interesante, y no hace más que meterse en las de los demás, y generar varios inconvenientes. Otra es unirse a alguno de los grupos que existen para conseguirse una vida. Lo más divertido de estos grupos es que también se llaman así; “Get a life”, y sn fáciles de encontrar en Internet. No es sino preguntarle a Google, que todo lo sabe, y ahí están. Son grupos que organizan gran variedad de actividades, de manera que las personas desocupadas puedan ocupar su tiempo y su mente en algo divertido; y así tienen algo interesante sobe sus propias vidas para contarle a los demás; en vez de estar de parásitos en las vidas de los demás.

Queda un último grupo de gente que, a su parecer, no llevan una vida muy interesante, y no suelen encontrar mucho de qué hablar sobre ellos mismos; pero son absolutamente respetuosos y no andan viviendo vidas ajenas, ni inventando, ni divulgando chismes sobre los demás. A éstos mil gracias por su comportamiento adecuado y correcto; a los otros, por favor consigan una vida. Si quieren hasta podríamos pensar en montar un “Get a life” colombiano; creo que además de algo interesante que hacer, daría una buena entrada económica.

…Get A Life… NOW!